EL TIEMPO DE LA INFORMATIZACIÓN
La actual reconversión tecnológica de la prensa se verifica en el contexto de profundos cambios en la estructura económica de la industria de las comunicaciones, de proceso de redefinición de las formas sociales de acceso a la información, de transformaciones en el papel de cada medio en la construcción de los flujos informativos y en el horizonte más amplio de innovaciones culturales que acompañan al proceso global de mutación socio-técnica. Algunos aspectos particulares que rodean la transformación de la industria periodística adquieren especial importancia*:
a) el estancamiento o descenso de la circulación de la prensa diaria (1). Este fenómeno, que en parte es atribuible a la competencia de los otros medios en el mercado informativo (radio y televisión) (2), da cuenta más bien de alteraciones en los viejos hábitos de lectura así como en las formas de organización, adquisición y circulación de la información y el conocimiento.
b) La respuesta económica de la industria frente a la reducción de la demanda y el aumento de los costos operativos (mano de obra, papel y otras materias primas). Por una parte, se produce una concentración del sector en tomo a las empresas líderes con la consiguiente crisis y desaparición de las medianas; por otra, aquellas empresas diversifican las inversiones orientándolas hacia otros sectores de la industria de las comunicaciones con lo que se busca mantener o expandir los índices de ganancia (3), finalmente, inician un proceso de fuerte cambio tecnológico en el que nos detendremos con algún detalle más adelante.
c) el cambio en las relaciones entre los medios y en las funciones de cada uno de ellos y de las agencias de noticias en la producción y circulación de la información periodística. La transformación del periodismo radial y televisivo recompone considerablemente los procesos de génesis, difusión y consumo de la noticia (4) y el creciente papel de las agencias nacionales como fuentes de información, permite a los diarios reducir el personal (corresponsales, reporteros, redactores) y ampliar la cobertura del acontecimiento cotidiano (5). Este marco redefine, por otra parte, el perfil del periodismo gráfico: un sector se orienta hacia un periodismo especializado y de opinión no cubierto por los otros medios. El diario, en otro nivel, responde a la segmentación del público consumidor con una oferta variada de suplementos sectoriales que invaden zonas antes cubiertas por las revistas (suplementos económicos, culturales, de ciencia y técnica, de arquitectura, de la industria, agropecuarios, para la mujer, la juventud, zonales y regionales, revistas semanales).
La informática en la prensa tiende a resolver algunos problemas del sector empresario mediante la reducción de costos , el ahorro de mano de obra el incremento de la productividad y la eficacia y rapidez de la producción. Pero las nuevas tecnologías en la redacción y en el taller gráfico producen también cambios en la organización y en los procesos de trabajo, provocan el desplazamiento o recalificación de ciertas profesiones, determinan una previsible reestructuración de la labor y los lenguajes periodísticos. La reconversión transita entre dispares reacciones sociales (6). En Argentina, hasta ahora, el fenómeno tecnológico ha provocado un limitado interés en los gremios vinculados a la industria de prensa y una notable indiferencia por parte de estudiosos de problemas sociales y culturales (7).
RACIONALIZACIÓN Y RENTABILIDAD
El cambio tecnológico en la prensa gráfica afecta tanto el proceso de composición, e impresión, como el de recepción y elaboración de las noticias.
El taller gráfico tiene una larga historia de transformaciones, que se acelera en el siglo XIX, en estrecha relación con la configuración y expansión de la prensa masiva. La introducción de la rotativa (1846) que automatiza el proceso de impresión suplantando la intervención humana de la prensa anterior, y del linotipo (1886), que suprime la composición manual de tipos móviles, genera algunos de los impactos sociales típicos del pasaje de la manufactura a la industria: multiplicación de la fuerza productiva; desplazamiento, descalificación y desvalorización de la mano de obra; posibilidad de que mujeres o trabajadores no calificados reemplacen a obreros de oficio en el trabajo con las nuevas máquinas. Los logros en la empresa también fueron los esperados: ahorro de tiempo, reducción del costo del producto, crecimiento de la productividad (la rotativa permitía imprimir 96 mil ejemplares por hora frente a los 1.000 de la etapa anterior y el linotipo componía en ese tiempo más de 10.000 letras contra 1 .500).
La incorporación de las primeras linotipias en Argentina, por ejemplo, muestra el impacto del cambio en el sector obrero: “la máquina representa el trabajo de 5 Obreros” (La Nación, 25/12/1898) y “los tipógrafos exigían el mismo precio que se les pagaba por línea cuando lo hacían a mano, sin tener en cuenta los gastos de personal. técnico, gas, amortización, etcétera”, por lo que algo más tarde, “los obreros fueron reemplazados por las estudiantes de la Escuela Continental que iban acompañadas de sus respectivas madres...”(8).
A partir de 1946 la composición “en caliente” sobre plomo comienza a ser reemplazada por la composición en frío y la fotocomposición. Se obtienen textos directamente en películas y en el papel fotográfico para la insolación de planchas con destino a la impresión por offset. En la actualidad existen máquinas informáticas que, sin intermediación elaboran la plana para la rotativa y, en consecuencia, también puede eliminarse la fotocomposición. Cada cambio modifica el proceso de trabajo: desaparecen categorías profesionales (linotipistas, formadores de planas fundidores). Junto con la cultura laboral se altera la estructura del sector obrero correspondiente: segmentación, polarización de las calificaciones, exclusión de algunas profesiones. Los movimientos tecnológicos implican el desplazamiento de oficios que requerían largos períodos de aprendizaje. Un linotipista era tal, luego de cinco años de experiencia; un operador de pantalla se capacita en una semana. Los “nuevos oficios”, al exigir menos tiempo y costo en la formación, facilitan la sustitución del personal con la consiguiente pérdida del poder de negociación de los trabajadores frente a la empresa. Las estructuras gremiales tienden a debilitarse: los operadores de computadoras que reemplazan a los linotipistas, por ejemplo, suelen ser incluidos en la categoría de empleados administrativos, y quedan al margen del gremio gráfico.
Los cambios en la etapa “gráfica” del proceso de producción periodística, se acompañan de otros no menos importantes en la etapa “redaccional”. Más aún: el rasgo fundamental de la transformación tecnológica radica en el hecho de que comienzan a perderse los límites entra una y otra etapa. El redactor, desde su pantalla, puede no sólo escribir y corregir, sino también diagramar, indicar formatos tipográficos y pasar su producto a impresión. Al borrar los límites ha ensanchado su espacio y ocupado el que anteriormente correspondía al oficio gráfico. ¿Qué ha quedado? ¿Un periodista omnipotente o su fantasma, puesto que también él arriesga perder su especificidad para ser sólo un momento de un programa que le es ajeno?
Gracias a la transmisión electrónica, se elimina el teletipo en la fase de recepción de la información. Las “señales” provenientes de agencias de noticias (nacionales e internacionales), corresponsalías o receptorías de avisos, se almacenan en la memoria de un procesador central para luego ser distribuidas hacia el departamento de redacción o, en su caso, al de avisos.
Normalmente la incorporación de videoterminales permite al periodista manipular la memoria donde se almacena la información y simultáneamente las bases de datos donde radican los archivos. En la misma fase de trabajo redacta, corrige y compone los textos. Correctores y componedores pueden ser eliminados. El jefe de redacción y el director, desde sus pantallas, pueden revisar la nota, otorgar la medida e indicar el diseño que la computadora se encargará de realizar. La racionalización del trabajo significa desplazamiento de mano de obra y mayor rentabilidad.
La rentabilidad ha constituido siempre una variable fundamental en las empresas periodísticas, pero los cambios tecnológicos le otorgan un lugar decisorio: la magnitud de las inversiones y la lógica productiva que impone la automatización transforma el concepto de rentabilidad en factor organizacional y no sólo en la consecuencia esperable de la actividad de la empresa. Un dato importante es el creciente papel del personal “no productivo”, que contribuye al funcionamiento (empleados, vinculados a la organización y la administración) pero que no actúa en la confección del producto. Grandes inversiones, aumentos relativos en los costos organizacionales, obligan a una racionalización de la gestión que no siempre es compatible con la “lógica de la información” y a la cual ésta debe subordinarse. Los técnicos (en informática, en organización, en gestión) van construyendo la matriz de la nueva empresa periodística en la que la información es un insumo y no un objetivo a lograr.
En síntesis, la informatización penetra todos los intersticios de la trama del periodismo gráfico: la administración (que incluye el manejo interno de la empresa, la publicidad, la distribución y la venta), la redacción y la fabricación. Un cuarto aspecto del uso de las nuevas tecnologías puede ser decisivo para el porvenir de la prensa: el teletexto y las bases de datos. El usuario, a través de un teclado y una pantalla (que puede ser la de su televisor) podrá tener acceso directo e inmediato a zonas de la información que hasta ahora la prensa escrita había mantenido como casi exclusiva: desde los horarios de espectáculos hasta un aviso inmobiliario; las cotizaciones actualizadas de la bolsa o la receta de cocina adecuada para la nochebuena.
El medio “prensa gráfica” bien puede estar en estado de metamorfosis de donde surgirá en forma de “redes de información”. No una suma, como es el caso de las empresas que poseen diarios, canales de televisión, emisoras de radio. Se trata de una red interactuante cuyo centro está constituido por un complejo tecnológico informático y cuyos puntos de acción los forman el medio gráfico junto al teletexto, a videodiscos, a base de datos, a satélites de transmisión directa.
Concentración productiva que diversifica los productos. U lógica de la capacidad técnica se adhiere a la lógica de la rentabilidad y el producto puede ser un mayor poder en manos de menos: los que estén en condiciones económicas (o políticas) de montar la nada económica infraestructura que requiere es la multiconstrucción informativa. La buscada democratización de la información enfrenta, pues, un nuevo desafío: la irrefrenable tendencia al monopolio que estimula la acelerada sofisticación tecnológica.
UNA TRADICIÓN QUE SE DESVANECE
Alguna vez Borges indicó que su desentusiasmo por las noticias periodísticas provenía del hecho que éstas eran como el último capítulo de una novela de la que se desconocen las páginas anteriores. El tiempo fue consolidando la metáfora y las tecnologías que acuden a multiplicar el número y la velocidad de transmisión de informaciones, acumulan desconcierto en los seres humanos que cada día entienden menos de más cosas. Karl-Gunter von Hase, que fuera Ministro de Informaciones de Alemania Federal hace dos décadas, escribía, perplejo, en 1964: “La agitación trepidamente que posee a nuestros contemporáneos no les permite ir al fondo de las cosas. Tampoco el tiempo que nos hace ganar la técnica moderna de la información se emplea en una pausa fecunda o en un estudio más profundo: el interesado lo aprovecha, simplemente, para aumentar el número de sus actividades. Y, como un boomerang, este aumento repercute sobre nuestro empleo del tiempo. Cada vez somos más prisioneros de una especie de ley de Parkinson sobre la interdependencia de las actividades. Este aflujo de informaciones difundidas con rapidez creciente tiene igualmente por efecto prohibimos estudiar a fondo e interpretar en consecuencia cada noticia que nos llega. Así vamos, incluso en este terreno, hacia una especialización cada vez mayor. El individuo aislado no está ya en condiciones -y no podría estarlo- de hacer frente a la complejidad de los problemas con la ayuda de sus solos conocimientos, ni de forjarse un juicio personal. De este modo, para todas las cosas que no caen dentro de su especialidad, busca refugio en slogans más o menos vagos.”
La tradición de la prensa escrita, sin embargo, se construyó con otras esperanzas. Alrededor de ella se elaboraron las ilusiones de la democracia occidental que el iluminismo imaginó como señorío de la razón y del bien entre los hombres. Desde que John Milton, en su Aeropagítica de 1644, hiciera el primer razonamiento sistemático en favor de la “libertad de expresión” ante el parlamento de Inglaterra, la prensa escrita fue instrumento privilegiado de todo racionalismo.
Mirabeau, elocuente, se dirigía a sus pares en los días de la Revolución Francesa: “que la primera de vuestras leyes consagre para siempre la libertad de prensa, sin la cual jamás serán adquiridas las libertades del hombre”.
Con otros fines, pero igualmente iluminista, Lenin imponía un papel a la prensa escrita que luego repetirían casi todas las izquierdas: “Un periódico no es sólo un propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. En ese sentido puede comparárselo con el andamiaje levantado alrededor de un edificio en construcción; señala los contornos de la estructura y facilita la comunicación entre los albañiles, permitiéndoles distribuir el trabajo y examinar los resultados comunes alcanzados por el trabajo organizado” (Qué hacer?). Stalin refuerza: “La prensa es el instrumento más poderoso con el que, día por día, hora por hora, el partido habla a las masas en su propio lenguaje esencial. No existe otro medio tan flexible para establecer vínculos espirituales entre el partido y la clase trabajadora”. (Obras completas).
Entre nosotros, por paradójico que resulta, sin duda una misma fe racionalista inspiró a Bartolomé Mitre para proclamar a su diario, La Nación, como “tribuna de doctrina” y a Juan Domingo Perón cuando exponía su doctrina en la prensa bajo el seudónimo nada casual de ”Descartes”.
El privilegio de la inteligencia humana para discernir entre el bien y el mal en el que Milton sustentaba su argumentación en favor de la libertad de prensa, la capacidad pedagógica del periódico que defendía Lenin y la confianza en la acción doctrinaria del discurso que movía a Perón -presidente y líder indiscutido en ese momento- a escribir sus artículos, tienen en común la expectativa de un tiempo para la reflexión. Distinto al de la “agitación trepidante que posee a nuestros contemporáneos”. La llamada “civilización de la imagen” que domina en nuestros días no es sólo consecuencia del imperio de la televisión. Es producto de un mundo sin tiempo para el rnoroso recorrer de las páginas y las letras, un mundo sin tiempo para el discurrir sorprendente, para el no-hacer. La ideología de la eficacia reemplaza crecientemente al acto creativo del contemplar, en el mismo espacio en que la programación limita los caminos en oposición al descubrimiento azaroso que los abre, Jerome Lettvin, profesor de Comunicación, Fisiología y Bioingeniería en el Departamento de Ciencias de la Computación, Biología e Ingeniería Eléctrica del Instituto Tecnológico de Massachusetts, nos lo recuerda en su defensa del libro: “... si estuviera al mando de una biblioteca electrónica como la Biblioteca del Congreso, en la que pudiera con sólo oprimir unas teclas ver tal y cual libro que me enviaría a otros libros o artículos con los que tuviera relación, etc., la usaría sólo muy de vez en cuando. En cambio, recurriría con mucha mayor frecuencia a una biblioteca en la que un libro me llevara a toparme con otro en el estante del al lado, inesperadamente, y que en realidad me interesa mil veces más.
Hay en esto la idea de un contexto ambiental cuyo valor informativo es riquísimo pero que se define muy vagamente. Ahora, sin embargo, con la aplicación usual de las computadoras, ese contexto ambiental ha sido expulsado del sistema. En otras palabras: se supone que somos como las máquinas que manejamos, orientados hacia un objetivo específico según una lógica específica y, de una manera muy particular, con una idea perfectamente clara de los datos que tendremos.
Hojear un libro se parece muy poco a mirar una pantalla en la que un texto pasa rápidamente. Tengo desde hace mucho tiempo la convicción de que percibir es una cosa activa y no pasiva. Porque movemos los ojos para percibir, movemos las manos para seguir adelante y nos movemos, nadie lo ignora, para mirar. No quiero parecerme a ninguna de las cosas que me gustaría tener sometidas a mí...” (10).
LA PRENSA SIN PERIODISTAS
Es sabido que las noticias no son los hechos, sino el relato de los hechos. Si la democracia entraña alguna virtud, es la de aceptar relatos diversos para acontecimientos que ilusoriamente son los mismos. En realidad, lo único existente son esos relatos y son innumerables los argumentos para descartar la pretendida objetividad de la cámara televisiva o de la lente fotográfica. Hasta ahora los periodistas cumplían el papel de relatamos lo que habían buscado y su destreza se valoraba en esa capacidad de búsqueda. Esto los emparentaba al artista y lo aproximaba a la vida. “La informática, los bancos de datos -dicen Lenigeon y Wolton- hacen correr el riesgo de multiplicar la raza de los periodistas sentados que ya no ven con sus propios ojos, que no escuchan con sus propias orejas, sino que se conforman con interpretar lo que dice el hombre que vio al hombre...” (11). El periodista se transforma, cada vez más, en un especialista en mezclar la información que él “recupera” en la pantalla. Recupera, no escribe.
Diagrama para incluir textos que le son ajenos. Actividad única que borra las huellas materiales de la escritura y el devenir del tiempo. Los relatos no son posibles porque se ha alejado del mundo de los hechos. El periodista del diario está a punto de ser prescindible. Las noticias provenientes de las agencias pueden ser incorporadas en el programa de composición del periódico y así como él, desde su teclado, puede cumplir el papel que antes tenía el diagramador, el periodista también puede ser subsumido en la lógica invisible de un programa. El retroceso de los periodistas que daban cuenta de lo imprevisible -es decir, del mundo- da lugar al aumento del número de columnistas, editorialistas y comentaristas. Asfixiado, o al menos saturado por la acumulación: de datos, el lector se refugia en la opinión de quien ahora escribe menos como periodista que como especialista (economistas, sociólogos, políticos). El mundo ha dejado de pertenecerle al hombre común puesto que se ha fragmentado y la mirada política (a cuya construcción se plegaba el esfuerzo de los periodistas durante los dos siglos anteriores) ya no legitima la información. La legitimación, cada vez más, proviene del conocimiento que se refugia en algunos pocos que detentan el derecho “técnico” a decir la verdad. El mundo del conocer se distancia del mundo de la vida. La arbitrariedad de lo político es reconocida como tal y, por lo tanto, ofrecida sólo como opción. El conocimiento, en cambio, simula ser verdad y, en consecuencia, tolera mal el cuestionamiento. La pluralidad del mirar político es reemplazada por la unidimensionalidad del saber aparente.
Como se ha percibido, reflexionar sobre la técnica informática y la prensa nos ha exigido salir del mero espacio de la técnica. Lo importante, nos parece, es observar el juego de poderes, de ideas, creencias y valores que se establecen en una época para que determinadas tecnologías sean posibles. Las técnicas no son neutras puesto que llevan la impronta de la sociedad en que nacen.
No pueden utilizarse inocentemente. Su simple abolición tampoco garantiza que desaparezca el sentido moral que estimuló su existencia. Por todo esto, hablar de la técnica adquiere una irremplazable urgencia pues lo que está en cuestión -más allá da la prensa- es la manera de vivir de los seres humanos. La técnica -ya se ha visto- es una manera de ser en el mundo.
Notas
* Los datos que se consignan corresponden a la Argentina, pero la tendencia es común para América Latina.
1. La circulación de los tres grandes diarios de Buenos Aires, Clarín, La Nación y el vespertino La Razón se mantienen estancadas o, en el último caso, en franco descenso.
2. Para el análisis del discurso informativo televisivo y de las formas de consumo del telediario Cfr LANDI, Oscar: “Mirando las noticias” trabajo en prensa en la Editorial Hacette, Argentina, incluido en el libro El discurso político (Lenguajes y acontecimientos).
3. Esta tendencia mundial en la industria de las comunicaciones en el capitalismo avanzado es analizado por MURDOCK, G. y GOLDING, R. “Capitalismo comunicaciones y relaciones de clase” en CURRAN , J. y otros: Sociedad y Comunicación de Masas, F.C.E., México, 1977. En la Argentina los diarios líderes (Clarín y La Nación) conservan sus lectores frente a la desaparición de otros diarios (La Opinión, La voz, Tiempo Argentino) y sobre todo concentran altos porcentajes de la inversión publicitaria en medios gráficos. Por otra parte, en la década de 1970, Clarín, La Nación y La Razón, asociados con el Estado, constituyeron la empresa Papel Prensa e invirtieron en la agencia noticiosa Diarios y Noticias. Clarín, en la actualidad (1986), es propietaria de Radio Mitre y auspicia, junto a otros medios gráficos, la supresión del Artículo V de la Ley de Radiodifusión vigente que prohibe a las empresas periodísticas controlar otros medios de difusión.
4. Un ejemplo puede ilustrar sobre estos procesos de recomposición: los programas periodísticos radiales de la mañana incorporan la lectura de los diarios, comentarios, reportajes telefónicos y enriquecen el papel informativo del medio generando un nuevo flujo informativo que alimenta a las agencias de noticias y a los otros medios.
5. “Las agencias privadas, Noticias argentinas (controlada por diarios de Buenos Aires y del interior) y Diarios y Noticias (...) controlan el abastecimiento de una enorme masa de información hacia los diarios del interior y matutinos porteños. (...) Esta concentración monopólica redujo el número de profesionales que trabajan en los medios, que son reemplazados por los servicios de las agencias...”, Seminario: “Crisis y reformulación del periodismo a partir de la experiencia democrática”, ILET, Buenos Aires, 20-21 de marzo, 1986.
6. La introducción de la informática en la industria periodística en muchos países occidentales ha suscitado conflictos relevantes, negociaciones y acuerdos sobre las condiciones en que la transformación tecnológica debía llevarse a cabo: en Francia, Huelgas en la Agencia France Press (1987); en Gran Bretaña, graves conflictos frente al despido de 6.000 obreros gráficos del Times (1986); en Estados Unidos, huelgas de periodistas y gráficos del New York Times, el Daily News y el New York Post; en España, las negociaciones en El País. En América Latina, la acelerada incorporación de nuevas tecnologías en este sector ha generado algunos estudios sobre sus previsibles impactos socioculturales: CASALET, Mónica: “El cambio tecnológico y sus efectos en la organización del trabajo en la industria periodística en México”, México, 1983; FESTA, Regina: “Computadores revolucionan a Folha de Sao Paulo e o jornalismo brasileiro”, IPAL, Sao Paulo, 1986; AMORIN, J. Saomao; “Constituinte e automacao do trabalho do jornalismo", Brasilia, 1986; ECHEVERRIA, Magdalena: “Tecnología y trabajo: proposiciones a partir de la industria gráfica chilena” Santiago, 1986.
7. En el Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales (ILET), se ha iniciado una investigación sobre el tema “Nuevas tecnologías y organización de los procesos de trabajo en la industria periodística argentina”.
8. Entrevista al Sr. W. Wilson que instaló en 1900 dos linotipias en el Buenos Aires Herald citada en “las primeras máquinas de componer introducidas en la Argentina”, Artes Gráficas, Año II, No. 6, Buenos Aires, enero. marzo de 1943.
9. Revista de cuestiones alemanas, mayo de 1964 (citado en Jean Schwoebel, La Prensa, el poder y el dinero, Ed. Dopesa, Barcelona, 1971)
10. Citado en Daniel Ball, “Gutemberg y la computadora” Vuelta, No. 111, México, febrero de 1986.
11. Jean-Louis Lepigeon et Dominique Wolton, L'information demain, La Documantotion. Francaise, Paris. 1971.
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